viernes, 14 de enero de 2022

LA NOCHEVIEJA DE LAS PRIMERAS VECES

 I. El primer baile

La primera vez que bailé “Ne me quitte pas” fue con un muchacho del Opus. Sucedió en la fiesta de Nochevieja de 1973. Me acuerdo perfectamente porque en dicha celebración viví muchas cosas nuevas; tantas, que siempre la he considerado como la velada de los estrenos.

II. El primer traje de noche

Para empezar, antes de esa fecha, yo nunca había lucido traje de noche. Ni me había aplicado, exceptuando kohl en los ojos, potingues de ningún tipo. Ni me había perfumado con otra sustancia que no fuera la simple agua de Colonia...

Tampoco había alternado con gente tan variopinta como la que se hallaba allí congregada. Estudiantes de ciencias y de letras. Becarios y alumnos sin subvención. Mentes teóricas y prácticas. Devotos y descreídos. Seres benévolos y mordaces. Espíritus de corte y espíritus de aldea...

III. El primer contacto con el Guaperas, el Progre y el Amargado

En un momento dado me acerqué a la chimenea y entablé conversación con tres chicos que dijeron apodarse el Guaperas, el Progre y el Amargado. Los susodichos, una vez que me senté con ellos, empezaron a murmurar con mucha malignidad y no menos cacumen por el comportamiento de un recién llegado. Se referían al hermano mayor del anfitrión; un pedante que no paraba de presumir de cultura y que se presentó en el sarao acompañado de una japonesa que calzaba chanclas de dedo y calcetines. Un engreído que se pavoneaba a diestro y siniestro consiguiendo deslumbrar a los más ingenuos de la reunión...

IV. El último baile

Después, cuando sonó “Je reviens te chercher”, el Amargado me alargó una mano y, como yo la cogí, me tomó entre sus brazos. Debo decir que el baile agarrado con él fue mucho más intenso que el que ejecuté con el joven del comienzo de mi historia... 

Nieves Correas Cantos

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