Ayer, después de comer, me quedé hecha un tronco en el sofá. Tan profundamente dormida estaba que no advertí que J. me quitó el chaquetón con el que me había cubierto y lo sustituyó por una manta. Tampoco noté que el susodicho, con la prenda de abrigo de la que me había privado puesta, desapareció para acudir a su cita con el barbero.
No me percaté de que el patatero pasó por la calle anunciando sus tubérculos; ni que hizo saber que además llevaba caquis y calabazas.
Pero lo más heavy fue que me quedé roque viendo a Terence Hill haciendo de cura con sotana en televisión y, cuando abrí los ojos, lo primero que encontré fue al propio Terence desnudo y metido en la cama con una mujer. A punto de darme un soponcio, me costó unos instantes comprender que mientras dormía, había terminado la serie en la que el actor hace el papel del sacerdote don Matteo; y que en su lugar estaban echando “El corsario negro”, protagonizada por él mismo.
Nieves Correas Cantos

No hay comentarios:
Publicar un comentario