viernes, 14 de enero de 2022

EL HELADERO ANDROIDE

 Una vez, de pequeña, le pedí a los Reyes Magos una perinola de colores y me trajeron un heladero androide. No sé a qué se debió la sustitución del trompo por el autómata porque en la carta que les escribí les puse bien claro lo que quería; asimismo, les aseguré que me iba a portar bien y cumplí mi promesa. Pero lo cierto fue que, por una u otra causa, sus majestades de Oriente no satisficieron mis deseos.

Cuando aquella mañana del 6 de enero me encontré con los hechos consumados, la sorpresa y la decepción se apoderaron de mí y me puse a llorar; mas lo que al principio consideré un infortunio, pronto pasó a ser la mayor de las venturas.

Ocurrió en el momento en que el juguete  adquirió vida. Entonces, el heladero de cuerda empezó a empujar su carrito y, con su vistosa gorra y su  mandil, se marchó a vender polos y mantecados por aquí y por allí. Cada día hacía un recorrido diferente; y, al volver, me contaba mil historias en las que sus granizados y sorbetes desempeñaban la parte principal. Yo no me cansaba nunca de escucharle...

Nieves Correas Cantos

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