I
Cuando José y yo damos un garbeo con Aurora, no pasamos desapercibidos. Vamos hablando con ella haciendo inflexiones con la voz; y, si se pone terca pretendiendo salir del carrito, para disuadirla nos ponemos a cantar:
“La muchachita, la guapetona
la precioseta, la cucufita
pum pum pum...”
Esta última palabra, “cucufita”, no existe; pero es una manera de llamarla que me sale del corazón.
Ante semejante espectáculo, algunos transeúntes que se cruzan con nosotros disimulan; otros sonríen; y también hay quien, enternecido, nos hace un comentario afectuoso.
II
A mi nieta le encanta la calle. Todo lo que ve en la misma despierta su interés: las copas de los árboles; las hojas que caen; los grafitis; los autobuses; unos carteles con una figura muy característica que aparecen repetidos en muchas paredes...
III
En nuestro camino nos detenemos delante de un escaparate donde se expone un indio de cartón piedra gigante. Lleva la cabeza adornada con plumas y su semblante es serio; mas la pequeña, lejos de atemorizarse, lo mira, nos mira y se ríe...
Después nos dirigimos adonde están las palomas y la excursión se convierte en una fiesta. Con la renacuaja en los brazos por riguroso turno y sin pensar en que nos podemos baldar, nos dedicamos a seguirlas con gran entusiasmo y muchos aspavientos...
Nieves Correas Cantos

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