Tengo una amiga a la que le gustan los cachas. Los hombres con un gran desarrollo muscular ejercen sobre ella una atracción irresistible. Una vez, se tragó entero un culebrón de no sé cuantísimos capítulos sólo por poder contemplar al protagonista. Mi allegada es una mujer muy seria; pero, según me confesó un día después de tomarse un güisqui, estaría dispuesta a perder la formalidad con ese galán fornido y con los ojos garzos de la telenovela en cuestión.
A mí, de un modo opuesto, el varón que me parece más seductor es el que representa el bolerista. El típico cantante de no mucha estatura, moreno y permanentemente afligido. El ser que con su decir cadencioso me envuelve con su voz... ¡Y lo mismo me da que el bolero sea susurrado o escupido! Tan morbosa me resulta una actuación como la otra. Me encandila zalamero y también castigador...
Nieves Correas Cantos

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