Siento una gran debilidad por Cecilio Pérez. Sí, ese ser extravagante al que los carcundas del pueblo fingen desdeñar llamándolo fantoche. El hijo de la Maribel. El dandi que va por las calles luciendo fulares...
Es un pintor extraordinario. Un artista que obvia reglas y preceptos. Un genio que perturba con sus lienzos...
El asunto acerca del que incide en sus obras es el de la libertad; o, más bien, el de la falta de ella. Dibuja grillos y cadenas que representan deberes morales que nos impiden volar. Rejas hechas con barrotes de miedo que reprimen cualquier anhelo. El terror a perder la seguridad y comodidad que proporciona el estatus...
Cecilio Pérez y yo nos visitamos con frecuencia; y, como sabe que me subyuga con su estilo, en mi presencia prodiga gestos y actitudes decadentes mientras nos tomamos una absenta.
Mi amigo es un admirador incondicional de mis escritos. Me resulta emocionante que además de disfrutarlos, se valga de ellos para aprender él y enseñar buen español a sus sobrinos.
Nieves Correas Cantos

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