sábado, 7 de septiembre de 2024

EL REQUIEBRO Y LA SONRISA

 Aquel muchacho causaba sensación, sobre todo cuando sonreía. Entonces la cara se le iluminaba y sus negros ojazos parecían dos faroles con formidables reverberos. Le decíamos el Francés porque vivía en Francia; y, aunque hacía poco tiempo que había emigrado con sus padres a dicho país, el primer verano que volvió al pueblo ya tenía acento galo. Muchas púberas estábamos enamoradas de él; prendadas de su risa. Pero el jovenete, teniéndose por un bien universal, con todas se mostraba dadivoso y a ninguna distinguía. A mí me regaló uno de sus resplandores faciales un domingo al salir de misa. Me llamó a la vez “petite fleur”; y con este requiebro y el sonriso me adentró en un mundo nuevo de fantasías...

Cuando volví a mi casa henchida de emoción, puse en el tocadiscos “Pequeña flor” interpretado por Sidney Bechet. Recuerdo que mientras las notas del clarinete se esparcían por la habitación, comencé a notar su ausencia...

Nieves Correas Cantos

EL ASOMBROSO REVOLTILLO – Los infinitos vocablos

 El escrito al que me refiero bien podría haberse titulado “El asombroso revoltillo”. Superficialmente se trataba de un montón de palabras vertidas sobre el papel sin ton ni son. Un cúmulo de términos inconexos que parecían estar burlándose del lector... Pero cuando éste traspasaba el espejo a la manera de Alicia, se encontraba con un mundo mágico en el que todo parecía encajar. Entonces descubría que los infinitos vocablos no eran más que las piezas de un extraordinario caleidoscopio que iba mostrando diferentes representaciones según lo volteara el leedor. Multitud de ideas sugeridas; encanto e idealización...

Nieves Correas Cantos

DÍAS DE MORAPIO Y ESPLENDOR

 ¡Cómo cambian los cuerpos con la edad! Aunque el peso no varíe, el contorno de la figura suele modificarse por completo. Arrolladas por la flaccidez, las colinas que antaño permanecían firmes acaban descendiendo; y la columna vertebral, el espinazo sandunguero, mengua y se encorva cual si fuera un reptil...

De estas transformaciones físicas y de la inseguridad que provocan hablábamos esta mañana mi amiga Régula y yo en el salón de su casa. Mientras oíamos cantar a Dinah Washington y nos tomábamos un vermú, rememorábamos el tiempo en el que ambas podíamos ceñirnos la cintura con los antebrazos y no necesitábamos sostén. Días de morapio y esplendor, cuyo recuerdo nos ha sumido en la melancolía...

Nieves Correas Cantos


POR CONTRASTE

 Las deliciosas divagaciones de mi amiga Alba y su atrayente verbosidad me hacen recordar a don Maximino, un maestro que tuve de pequeña. El susodicho, partidario entusiasta del laconismo en la expresión, nos exigía a los alumnos sobriedad siempre; pero, sobre todo, en el momento de redactar. Entonces, el educador se mostraba inflexible: no nos permitía ni una palabra de más en el texto...

Don Maximino desdeñaba y llamaba inanes a los vocablos que sobraban y palabrería inútil a la verbosidad; y añadía que el decir, sin concierto ni razón, solía concluir en incongruencia...  

Yo en aquellos tiempos tenía un cacao mental tremendo. En mi cerebro se mezclaban las voces inanes, las incongruencias, la verborragia... Las leyendas de los santos; los dramas de Joselito y de Marcelino, pan y vino que el cine me enseñaba; la imagen serrada del Patrón...

Nieves Correas Cantos

LA AGUDEZA Y LA SANDEZ – Historia de un tomatazo

 Un día, yendo por la calle, me tiraron un tomate. La baya, que estaba muy madura, salió por una ventana y vino a esclafarse sobre mi cabeza haciendo ¡plof! El pelo, recién lavado, se me quedó maltrecho lo mismo que la dignidad...

Aunque nunca supe las razones de tal ataque, imaginé que como yo en ese momento iba pontificando acerca de la sandez disfrazada de agudeza, el atacante tenía que ser un patoso concernido...

En cualquier caso, sobreponiéndome a la situación, me recompuse el orgullo y la cabellera como pude y continué mi camino hablando de lo cerca que están a veces la parida y la genialidad...

Nieves Correas Cantos

A LA VERA DE LA LUMBRE

 A lo que hicimos aquella tarde Mario y yo no sé cómo llamarlo. Estuvimos hablando de gramática; en concreto, del uso preposicional. Fue muy interesante porque mi amigo, que es filólogo, me informó de que, cuando nos referimos a tiempo, tan correcto es decir “antes que” como “antes de que”. O sea que uno, si quiere, puede ahorrarse la preposición...

También nos entregamos Mario y yo a contarnos nuestros secretos. Afanes y desventuras; placer y dolor... Fue después de tomarnos una absenta a la vera de la lumbre.

Nieves Correas Cantos

LA OBLIGACIÓN DE TRIUNFAR

 I

Yo de pequeño era un ser anodino. Como no tenía ninguna gracia especial, nadie se fijaba en mí. Mis amigos eran también chiquillos carentes de toda habilidad; criaturas insignificantes que pasaban totalmente desapercibidas...  

II

Enfrente de nosotros estaban los niños poseedores de un don. Chicos con cualidades especiales que brillaban más que el sol y que a todo el mundo encandilaban. Huelga decir que a los modestos, los sobrados nos caían fatal...

III

Mi condición de poca cosa se vio confirmada cuando mi tía Magdalena le mostró a un experto un dibujo de una figura humana hecho por mí, y éste vaticinó que no llegaría muy lejos. Aunque eso sí, me predijo la carencia de un porvenir brillante con muchos tecnicismos y alguna que otra palabra de consuelo... 

IV

Al principio, con la etiqueta de mediocre adherida a mi persona, lo pasé muy mal. Pero cuando advertí que la admiración de los otros significaba esclavitud, me conformé con mi suerte. Libre de la obligación de triunfar, un día descubrí los cuerpos celestes y me hice astrofísico... 

Nieves Correas Cantos