domingo, 25 de enero de 2026

EL MAMBO Y EL PILPIL

 Cada mediodía voy a comprar. Hay jornadas en las que no necesito nada; sin embargo, aun así voy a comprar. De lo que se trata es de no quedarme en mi casa metida; de salir a la calle y alternar...

EL MAMBO Y EL PILPIL

Cada mañana, a eso de las once, me dirijo al puesto de ultramarinos. Antes de partir me acicalo un poco; no mucho porque la circunstancia tampoco lo requiere; aunque un toque de rouge en los labios siempre me doy. No sé cómo explicarlo. Esa pincelada de color es algo que preciso. Mi pintalabios es una especie de carmín mágico que me hermosea y me infunde valor.

Hay días en los que lo único que me hace falta del comercio es un pimiento, una cebolla o incluso unos dientes de ajo para preparar el pilpil. Pero no importa la poqueza de mi pedido: de lo que se trata es de no permanecer encerrada entre cuatro paredes; de pisar la vía pública y hacer vida social.

Ayer, unas coetáneas que me encontré adquiriendo guindillas me animaron a ir con ellas a clases de mambo. En principio no me veo yo en semejante tesitura; mas la propuesta está ahí...

Nieves Correas Cantos


UN CLARO TONO BURLÓN

 Aunque mi primo Camilo y yo nos creíamos geniales, en el pueblo donde vivíamos no todo el mundo nos consideraba así. De hecho algunos lugareños pensaban que éramos tontos. Como aquel paisano que nos llamó directamente cretinos. Bueno, directamente no porque nos lo dijo en francés; pero el calificativo sonó igual de palmario que si hubiera sido pronunciado en nuestra lengua vernácula.

Sucedió el día en que buscando desconcertar a un labriego y reírnos de su turbación, le preguntamos qué hora era en el idioma de Voltaire: 

-Quelle heure est-il, s'il vous plaît? 

Y el hombre, que había captado nuestra aviesa intención y que además conocía el léxico galo por haber trabajado durante años en La Provenza, nos contestó con un claro tono burlón:  

-Il est onze heures du matin, bande d'idiots...

Nieves Correas Cantos


DE LA COLADA A LA HIJUELA

 Cuando tenía diez o doce años, cada mediodía le llevaba a mi padre la comida a la era. Se la portaba siempre montado en un burro; con mi mano derecha asiendo la cazuela y con la izquierda sujetando el ronzal.

Como yo era muy responsable y el asno un animal cumplidor, la pitanza invariablemente llegaba a tiempo a su destino; justo en el momento en que mi progenitor más deseaba el yantar.

Recuerdo que a mi ascendiente le gustaba mucho el potaje con cardillos y también las acelgas con garbanzos. Asimismo le encantaba un guiso que hacía mi madre con mucho calabacín; “calabacinate” creo que se llamaba aquel condumio...

Algunas veces, cuando volvía por la hijuela después de ejecutar mi cometido, me topaba con una muchacha del Soto que se llamaba Belén; entonces mi corazón se ponía a palpitar como loco a causa de la emoción y me sentía enrojecer...

Nieves Correas Cantos


DE ATREVIMIENTOS Y RECATOS

 Me gustaría escribir un opúsculo sobre erotismo con mis amigas literatas. Unir sus ingenios con el mío y componer una obrita acerca de tan importante cuestión. Pienso en algo que bordee la locura; un tratado que discurra por los límites de la inconveniencia sin perder la distinción.

Mientras escucho a Sidney Bechet tocar con su clarinete “Petite fleur”, me imagino lo beneficiosa que nos podría resultar a todas dicha experiencia. Nos permitiría ejercitar el desparpajo y también la sobriedad...

Nieves Correas Cantos


LAS BAJAS TEMPERATURAS

 El frío continúa fuera; extremo, glacial... Me ha dado muestras de su fiereza esta mañana a las seis, cuando he tenido que salir al balcón y me ha abofeteado con ímpetu. Ha sido una especie de zurriagazo fuerte y repentino; un mamporro helador que en décimas de segundo me ha dejado pasmada.

Ahora, rehecha y arrebujada en una manta de Palencia, mientras escucho a Los Bravos interpretar “Black is black”, pienso en el tiempo en que las bajas temperaturas no me amilanaban absolutamente nada; en esos días en que mi entusiasmo juvenil era sin duda el mejor calorífero... 

Nieves Correas Cantos


¡MALDITA FATALIDAD!

 ¡No falla! Cuando ando por la calle atildada y compuesta, nunca me encuentro con nadie conocido. En cambio, siempre que transito con aspecto desaliñado y sin guardar la debida circunspección, me topo con alguien que sabe quién soy. Esto es como una especie de fatalidad que me persigue y me persigue...

La última vez que el hado me ha hecho una de las suyas ha sido esta mañana temprano. He salido de mi casa hecha un cuadro porque tenía prisa y, justo en el momento en que discutía con mi acompañante con voz más alta de lo normal, los dos cotillas más cotillas del barrio han tropezado conmigo...

Nieves Correas Cantos


LA VESPA DE ANGELITO

 Mi amiga Patro y yo vamos arrastrando una motocicleta por un descampado. La moto es de niño, pero pesa un quintal. Pertenece al infante que nos acompaña: Angelito, el nieto de mi amiga. Hace dos horas, en el momento en que nos disponíamos a salir a pasear, Angelito se empeñó en hacerlo montado en su vespa psicodélica; y claro, cuando la batería se le descargó, nos encontramos con que había que volver tirando de tan pesado mamotreto...  

Nieves Correas Cantos


EL DEBUT DE DIONISIO – Crónica de un milagro

 ¡Quién le iba a decir a Dionisio que acabaría cantando villancicos en un festival! ¡Si parece una broma! ¡Con la aversión que siempre ha sentido hacia cualquier demostración de ligereza! Pero sí sí. Su amigo Ernesto lo convenció y ahora está a punto de despojarse públicamente de su reserva.

El espectáculo promete ser extraordinario. He visto los ensayos y puedo constatar que contiene las dosis precisas de patetismo y ternura; lo justo para conmover sin abaratar. Una función que con certeza va a provocar nostalgia en más de un espectador.

Dionisio se dispone a interpretar el tema “Los peces en el río” junto con el mismo Ernesto y un antiguo compañero de la mili que se llama Paco. Los tres están muy ilusionados. Se acompañan de una pandereta, una zambomba y una botella de anís...

Nieves Correas Cantos


DE MONJES Y ALONGAMIENTOS

 A mí, la vida que llevan algunos no me gusta nada. Ese modo de existir centrado en disfrutar de los placeres sensuales me provoca rechazo. Yo soy un asceta y, a pesar de las incitaciones en sentido contrario que el mundo me manda, no puedo cambiar. Y no es que necesite estar dándome disciplinazos todo el día. ¡Qué va! Nunca. No los admito ni por mortificación ni por castigo; pero sí que me agrada la máxima austeridad. En la infancia ya apuntaba maneras. Gozaba visitando las celdas de un monasterio donde habían permanecido antiguos cenobitas y oía hablar de sus historias con fruición. Los admiraba. Me los imaginaba como figuras delicadas que podían alongarse a voluntad y así llegar cerca del cielo... 

Nieves Correas Cantos


CON SU BLANCA PLACIDEZ – El regazo de mi abuelo

 De pequeña, el regazo de mi abuelo era el albergue perfecto. Se trataba de un cobijo en el que siempre encontraba consuelo; consuelo, abrigo o lo que pudiera necesitar. Cuando me acurrucaba en tan cálido lugar y sentía a mi abuelo hablarme o cantarme romanzas de sus años mozos, experimentaba una especie de placidez que me restablecía por entero. Una dulzura que no podía ser perturbada por nada ni por nadie y que, si no me conducía al sueño, me dejaba con unas ganas enormes de irme a jugar...

Nieves Correas Cantos


EL TOMATE Y EL CACAO

 Siempre que entraba en la tienda de ultramarinos “El tomate y el cacao”, veía dos cabezas cuchicheando detrás del mostrador: la del tendero Paco y la de su comadre Ginesa. Sentados uno frente al otro, me ofrecían la parte superior de sus testas antes de levantar los ojos hacia mí:

-¿Qué quieres, muchacha? - me preguntaban, contrariados por haber tenido que interrumpir su secreteo.

Y yo, mientras les enumeraba la lista de la compra, trataba de imaginar cuáles podían ser las cosas tan reservadas y ocultas que hasta mi llegada se habían estado contando aquellos dos seres, considerando que en aquel pueblo nunca ocurría nada especial...

Nieves Correas Cantos


¡VIVAN LAS LETRAS! - De granadas, naranjas y membrillos

 ¡Vivan las letras! - clamó Julio M. en La Internet; y yo lo reconocí como uno de los míos. Admití que participaba del amor a la literatura que me caracteriza y me sentí hermanada con él.

¡Salve a todos aquellos que se aplican en expresarse de la mejor manera posible! - se me ocurre saludar a mí en esta última mañana del mes de noviembre en la que huele poderosamente a naranjas y membrillos... 

Nieves Correas Cantos


MIENTRAS DESEMPOLVORO LA ROPA DE INVIERNO

 En cuanto llega el frío, desempolvo los jerséis de cuello alto; o, como diría un bromista de mi pueblo, los jerseises tipo cisne. Dichos suéteres son tres: uno de color burdeos, otro limón y otri berenjena. Pero este último, el berenjena, no es del tono de la berenjena común, sino de la variedad catalana: un precioso morado oscuro que añade majestuosidad a mi persona. 

Mis tres pulóveres se me pegan al cuerpo a la manera de la piel. Me protegen el torso, la garganta y el pescuezo; y además me tapan los antiestéticos pliegues que van de mi cabeza a mi tronco semejando una aberrante gorguera... 

Nieves Correas Cantos


EL HUECO Y EL MONAGUILLO

 Aquel hueco me atraía de manera irresistible. Me refiero al espacio que quedaba entre los barrotes de la reja del presbiterio: un vacío de forma rectangular y anchura reducida que me empeñé en atravesar con la cabeza. Y mira que el cura no dejaba de advertirme: “¡Ni se te ocurra meter la testa por ahí!”. Pero como yo estaba obsesionado con la idea, en cuanto se me presentó la ocasión allá que la introduje. Después no la podía sacar; y, ante el sinfín de recursos que hubo que poner en acción para solucionar el problema, el clérigo acabó con la cara de un color rojo encendido y encorajinado de verdad.

Nieves Correas Cantos


MERLÍN Y LOS PRONOMBRES – De cualidades y defectos

 Mi paisano Merlín poseía excelentes cualidades. Era afable, honrado, apuesto y encima tenía un montón de oliveras. Una joya, como se podría catalogar a simple vista. Pero no. Mi paisano Merlín no era ninguna joya porque adolecía de un defecto que deslustraba sus numerosos atributos; una imperfección que provocaba la crítica de cuantos le rodeaban. Y es que Merlín solía hablar en una jerigonza indescifrable. Acostumbrado  a denominar todas las cosas con pronombres, él no llamaba al vaso vaso, por ejemplo; ni al perolo perolo; ni a la cuervera cuervera..., sino que, en función de la distancia a la que estuviera cada uno los anteriores chirimbolos, se refería a ellos como “esto”, “eso” o “aquello”. Y así siempre. ¡Resultaba agotador!

Nieves Correas Cantos


DE TACOS Y JURAMENTOS

 De manera habitual no suelto tacos; mas en las situaciones en las que me siento contrariada, algún que otro “joder” sí que se me escapa. 

También me viene a la cabeza la voz “coño” cuando desconozco de qué me están hablando. Por ejemplo: la primera vez que fui a Vejer y oí el término “aljofifar”, enseguida me pregunté qué coño podía significar semejante vocablo.

Por el contrario, los que no he usado nunca son los dos palabros típicos de mi pueblo “odo” y “pijo”. Lo siento porque me resultan entrañables y aprecio su sonoridad; pero en su momento no debí de interiorizarlos y jamás han formado parte de mi vocabulario. 

Nieves Correas Cantos


DE HUEVOS, GAFAS Y ZAPATONES

 Ahora, cuando camino, siempre miro donde pongo los pies. Antes no lo hacía; pero desde la caída que tuve el año pasado, nunca omito tan necesaria cautela. Y es que me pegué un porrazo tremendo; un trastazo que podía haber tenido consecuencias graves.

Asimismo, si antaño me era indiferente deambular por un tipo de terreno o por otro, ogaño me atemorizan los suelos de cemento con desniveles y los bordes de las aceras; aunque dichas diferencias de altura estén señalizadas.

En fin, que toda yo soy un cuadro; que por la calle parece que vaya pisando huevos; que cada día me asemejo más a un ave palmípeda con gafas y zapatones...

Nieves Correas Cantos


EL HOMBRE DEL AZULETE – Confesiones de una puritana

 Aquel individuo sí que era atractivo. Me refiero al tipo que vendía el añil con el que tintábamos las prendas de ropa y las paredes. A ese que llamaban el hombre del azulete. Yo fantaseaba que me encamaba con él. Cuando me explicaba cómo debía utilizar el famoso pigmento, me bastaba mirar una sola vez hacia sus peludos antebrazos para sentirme encendida. Y también me seducía con su voz; sobre todo en los momentos en que me hablaba al oído...    

Nieves Correas Cantos


LA INSUFRIBLE PEDANTERÍA

 No lo puedo soportar. Me refiero a un amigo muy pedante que se me acopla cada tarde cuando salgo a pasear. Y conste que, como soy una buena cristiana, durante muchas jornadas he intentado llevar con resignación su cargante compañía; pero la situación ha llegado a tal punto que ya me resulta intolerable. 

El allegado en cuestión no deja de pontificar: sobre esto, sobre aquello, sobre lo de más allá... Es dogmático; constantemente hace alarde de erudición; se pavonea... Estoy tan harta de él que ayer, cuando lo vi aparecer en lo alto de la calle, me metí rápidamente en la abacería “La lenteja superior” y le pedí al abacero Pepe que me escondiera donde no me pudiera encontrar... 

Nieves Correas Cantos


DE FACULTADES Y OCASOS

 En invierno, cuando el espíritu mengua, es más necesario que nunca mantener la afición. Se trata de sacar cada día la bicicleta del porche y de recorrer con ella unos cuantos kilómetros. No es preciso que sean muchos; los imprescindibles para no perder la destreza...

Aquesta máxima me la enseñó un viejo que, por los años de 1970, pedaleaba todas las mañanas por los alrededores de Bagur... 

Nieves Correas Cantos


EL HOMBRE IRRITADO – En lenguaje coloquial

 ¡Qué tío! Se pasa la vida buscando defectos. Cuando encuentra algo que no se ajusta a los cánones establecidos por él, arma la zapatiesta padre; y, si todo está perfecto, el escándalo que organiza es aún mayor debido precisamente a la frustración que le provoca la ausencia de motivos. El caso es gruñir y gruñir. Mostrarse siempre airado y de mal humor como señal inequívoca de hundimiento...

Nieves Correas Cantos 


DE COSTURAS Y DESIDIAS

 Los botones de mi chaqueta están a punto de caerse. ¡Todos! ¡Los dieciséis! Como despreciables colgajos, penden de la pechera y de las mangas de mi americana revelando mi dejadez. Yo los miro y ellos me miran. -¡Descuidada!- parecen decirme.

Espoleada por la vergüenza que me provoca la anterior visión, decido recoser los botones enseguida; pero mientras busco los útiles de costura, reparo en el número de piezas que hay y me vuelve la desgana. ¡No lo quiero ni pensar! ¡Con lo poco que me gusta zurcir y las incontables veces que tendría que enhebrar la aguja!

Nieves Correas Cantos 


LA REPUTACIÓN PERDIDA DE MAURO TALVEZ

 Aquel día, cuando aparecí en el escenario, me percaté de que mi autoridad había dejado de existir. Los espectadores, que hasta entonces me habían reverenciado, me estaban tomando a broma o directamente pasaban de mí. Entonces sentí confusión y miedo; una angustia terrible que me paralizó. Sin poder restablecer mi prestigio, la confianza que tenía en mí mismo desapareció y mi descaro habitual se trocó en retraimiento... 

Nieves Correas Cantos


LAS FALSAS TITULACIONES – En aquestos tiempos de impostura

 Ayer, cuando en la tienda de comestibles un parroquiano le preguntó a otro qué era su hijo, este contestó que doctor ingeniero. Pero doctor ingeniero de verdad, añadió con sorna; no de mentirijillas. A mí, que había acudido al establecimiento buscando pimientos y tomates para hacerme un moje, la respuesta con coletilla del padre del ingeniero me gustó. Me pareció un acto reivindicativo manifestado con sencillez. El reconocimiento del mérito de los que son y el desdén hacia los que fingen ser...

Nieves Correas Cantos