Te advertí, Telesfora; te aconsejé que no continuaras con ese novio que te habías echado porque no estabas en condiciones de reconocer sus carencias. Pero tú, obnubilada perdida, proseguiste herre que herre con el idilio hasta el batacazo final.
Hoy, después de fracasar, pretendes llevarme a la televisión, al programa “El diario de Ernesto”, para decirme delante de toda España que yo tenía razón. ¡A buena hora! Manifiestas que cuando tu hervor amatorio disminuyó, las cualidades que creíste ver en tu partenaire se trocaron en defectos. Que su aparente cordura no era más que falta de imaginación; su sencillez, carencia de ideas; su serenidad, un permanente bloqueo...
Nieves Correas Cantos

No hay comentarios:
Publicar un comentario