De jóvenes, todas decíamos que nos gustaban los hijos de Ramiro; pero a mí, el que de verdad me atraía era el propio Ramiro. Con ese aspecto de amargado que tenía y su aguardentosa voz, me excitaba la imaginación de una manera que cualquier moralista hubiera calificado de insana. En mis adentros yo denominaba a Ramiro el agente perturbador y también el desbaratador de sosiegos; una especie de demonio castigador que siempre despertaba mi deseo...
Nieves Correas Cantos

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