Cada año, por estas fechas, coincidía con un viejo en el jardín de la plaza. En cuanto nos encontrábamos, nos sentábamos siempre en el mismo banco y comenzábamos a charlar. Nuestras pláticas solían versar sobre como era el pueblo antiguamente; sus gentes y sus maneras de actuar.
En ocasiones, si el viejo o yo estábamos inspirados, podíamos sugerir temas de lo más estrambótico; o, a veces, era la propia conversación la que derivaba hacia tan singulares asuntos. Es lo que nos sucedió un día del verano pasado cuando empezamos a hablar de los emplastos y medicinas de antaño y acabamos tratando acerca de la mediocridad; de su auge actual y del aprecio y admiración que provoca.
Aqueste estío el viejo no ha acudido a nuestra cita. Lo más probable es que se haya muerto; o a lo mejor está en la ciudad con alguno de sus hijos, o vaya usted a saber.,,
Nieves Correas Cantos

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