¡Qué fallo! Podría haber vuelto a mi casa por la cuesta del Ceporro, pero me he descuidado y ahora me encuentro delante del jardín. De manera inevitable tengo que subir sus escaleras y no sé cómo hacerlo porque la artrosis me está matando. Lo peor son los cotillas que, repantingados en los sillones del bar de enfrente, no apartan sus ojos de mí. Seguro que cuando me vean renquear dirán que estoy hecha una porquería; ¡conociéndolos..! Lo que desearía en este momento es que apareciera alguien o algo que les interesara más que yo y dejaran de observarme; o que una nube de granizo del gordo descargara encima de sus cabezas y les diera que pensar. Sin embargo no ocurre nada; los peldaños me aguardan y los tengo que pasar...
Nieves Correas Cantos

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