No tengo un lugar preferido para escribir. En realidad me da lo mismo hacerlo sentada delante de la mesa de la cocina que tendida en la chaise longue. En este momento, por ejemplo, estoy echada en un sillón extensible; con las piernas dobladas en uve y un conjunto de cuartillas apoyado sobre ellas. Ahora asgo el lápiz; y, ya en posición, comienzo la faena.
Para poder contar lo que quiero, necesito encontrar las palabras adecuadas. Sumergirme en el maremágnum de vocablos aprendidos y dar con los que más se ajustan a la situación. Como decía un maestro que tuve de pequeña, no son mejores los términos rimbombantes, sino aquellos que no rompen la harmonía...
Nieves Correas Cantos

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