Esta mañana, en la cima del monte Tomatón, he encontrado al poeta Nicomedes. Estaba sentado en un risco; con los fulares ondeando al viento y aparentemente ensimismado. Cuando apenas ha salido de su abstracción, el vate me ha confundido con una ondina; mas después de unos momentos, reconociéndome (y bastante decepcionado por no haber sido yo una deidad), se ha puesto a hablar conmigo de literatura. Mientras compartíamos un bocadillo de tortilla, hemos convenido en que el autor debe procurar siempre sorprender con sus historias. Renunciar a contar una y otra vez las mismas batallas; a repetir ajados clisés; a moverse por caminos trillados...
Nieves Correas Cantos

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