sábado, 11 de julio de 2015

"Adagio" de Albinoni

Gracias Ángel por esta música tan sublime que has puesto en tu Post "La ciencia más antigua" ¿Sabes lo que he hecho mientras la escuchaba? Pues me he dejado el cuerpo sentado en la silla frente al ordenador, y me he ido en espíritu a vagar por unos lugares donde no hacía calor y donde no se sentía el prosaísmo de la vida. ¡Ha sido maravilloso! ¡Gracias! 

miércoles, 8 de julio de 2015

El minishort


Este verano observo con estupor que el uso de los pantalones cortos se ha extendido a las madres, así que el año que viene no me extrañaría que los lleváramos también las abuelas. Bueno, yo seguro que no; si Dios me permite conservar el buen gusto y la lucidez, no me veréis de esta guisa.
Es cierto que hay mujeres maduras que están muy bien, y que incluso tienen mejor tipo que sus hijas; pero a ciertas edades, yo creo que ni la carne está firme ni la piel lustrosa como para ir enseñándola. No sé... quizá estoy chapada a la antigua o tengo prejuicios, pero yo lo veo así. Ante una mujer mayor vestida con shorts (en la calle), siento incomodidad y pena.
Y ya con independencia de la edad, hay traseros feísimos y llenos de celutitis. Yo, cuando veo uno así, siempre pienso que su dueña no tiene espejo para verse por detrás; o que vive sola y no tiene a alguien que le advierta; o que su afán por seguir la moda ha anulado su sentido del ridículo.
Para más inri, en algunos modelos, las miniperneras se unen tan arriba y son tan ceñidas que marcan hasta la vulva; y eso, además de un horror, es antihigiénico.
En fin, que todo tiene su momento y su lugar; y los pantalones cortos, también.
P.D. Si no me deprimiera tanto pensar en ello (y traerlos al magín), os diría mi opinión sobre los modeletes que lucen algunos de nuestros coetáneos y demás edades (sobretodo los que combinan pantalón de bañador con camiseta de rejilla o sin mangas).

domingo, 5 de julio de 2015

Adulterio


En verano, cuando estoy en el pueblo, me gusta pasear por el campo al amanecer. El fresquito que hace a esas horas se me mete por los poros y me provoca un inmenso placer. El otro día vino conmigo mi paisana Teresa, y verdaderamente no me aburrí con ella. Al principio hablamos de naderías, pero en cuanto llegamos al llano se explayó. Me contó que desde hacía tiempo no tenía sexo con su marido, y que unos días antes había tenido un desliz con el obrero que le estaba azulejando la cocina.
Yo, que la tenía por circunspecta, me quedé pasmada; pero como me miraba de reojo, disimulé. Me fue dando detalles y al final no sabía si reír o llorar, porque todo el affaire era una tragicomedia digna de figurar en los anales del esperpento.
Al volver a casa se lo conté a mi marido y él alucinó tanto como yo; aún no lo hemos digerido.
¡Ojalá que este desvarío quede en nada y no tenga consecuencias desagradables para mi amiga!

viernes, 12 de junio de 2015

El tiempo de la vejez


Ayer asistimos a la conferencia que pronunció Pucho en el salón de actos de la Biblioteca Municipal de Gavà. Versó sobre el tiempo de la vejez, y estuvo muy bien porque fue interesante, breve y amena.
Conforme llegaban los asistentes, Pucho, vestido con un traje gris con raya diplomática, los recibía con unas cálidas palabras de bienvenida; y al despedirlos, les mostró su agradecimiento.
Por como estuvo pendiente de sus palabras, se notó que a la gente le interesaba el tema; y al acabar, hubo réplicas y contrarréplicas.
Y entretanto, yo, viéndolo disertar en el estrado, pensé que ese gentleman comedido, cortés y formal que respondía al nombre de José Joaquín tenía poco que ver con nuestro Pucho. Que nuestro Pucho es fresco, irreverente y genial; y que tiene razón cuando dice que estar en el Post nos libra de visitar al psiquiatra.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Comida en Barcelona. Crónica de urgencia.


Queridos compañeros de mesa: he dicho que no iba a escribir sobre el encuentro, pero no puedo resistir la tentación. De todas maneras, Pucho lo explicará mejor que yo.
Alborada:
Esta mañana, al levantarme, me miré en el espejo y me encontré horrible. El bajón de ánimo que sufro desde hace días, unido a mis muchos años, me había estragado la cara. Los carrillos los tenía flácidos; los ojos tristes y sin luz; y toda yo estaba marchita.
Como al mediodía había quedado con los amigos de Post55, no era momento de recrearme en mi desgracia. Tenía que aparecer ante ellos lo más glamurosa posible; así que, con gran decisión, me puse a repasar mi humilde ropero. Tenía que encontrar un atuendo que diera a mi rostro luz y color, y que encima fuera cómodo y fresco. Después de combinar en mi cabeza diferentes prendas, me decanté por una falda azul marino y una camisa blanca. Me acicalé con pintalabios y kohl, me puse el anillo bueno y así, toda peripuesta, me encaminé a la Plaza de Cataluña.
 Atardecer:
La reunión ha sido agradabilísima: a Pilar y a Lucía ya las conocía, pero a Pucho y a Alicia no. Esta última me ha parecido dulce y cariñosa, y de Pucho no voy a opinar por el momento. Es un personaje fascinante y contradictorio, que a ratos te encandila y a ratos te enerva, así que necesito más tiempo para conocerlo. Eso sí, ha tenido el detalle de regalarnos una rosa a cada una de las féminas, y de invitarnos a todos a un piscolabis.
Y ahora amigos, me recojo hasta la semana que viene.
¡Adiós!

martes, 19 de mayo de 2015

Expiación


Los días en que Luevi estuvo aquí, fui incapaz de comunicarme con ella, y no estuve a la altura de las circunstancias.
En mi descargo he de decir que esos días la mitad de mi corazón estaba en Inglaterra y que toda la atención la tenía puesta allí; que temía importunarla porque ella estaba con su familia; y que siento terror de coartar la libertad de los demás, quizá porque soy muy celosa de la mía.
En resumen, que Lucía estuvo en Barcelona y que, salvo el primer día, yo no estuve con ella; que siento remordimiento; y que espero resarcirla la próxima vez que venga.

sábado, 16 de mayo de 2015

Pura literatura. Así fue mi primer beso.


Yo siempre he sido dual: avanzada de ideas y cándida de conducta. En la Universidad, por ejemplo, epataba a mis amigos con mi discurso progresista y liberal, y sin embargo, ellos eran duchos en prácticas en las que yo aún no me había iniciado.
Un día, en clase, conocí a un costarricense delgado como un junco y de nombre bíblico. Enseguida nos hicimos amigos porque era simpático y cordial, y porque su visión del mundo se asemejaba a la mía. Nos hicimos confidencias, y al enterarlo de que nunca me habían besado, se sorprendió y se ofreció a remediar rápidamente mi carencia. Yo me negué porque sentía reserva y miedo, pero fue tan perseverante y tuvo tanta paciencia que al final me convenció. Nos fuimos a un cine donde echaban una película de Ingmar Bergman; y aquella tarde, rozando mis labios con los suyos una y otra vez, mi amigo hizo desaparecer para siempre la sombra de mi ignorancia. Me adentró en un universo de sensaciones desconocidas, y todo fue tan mágico y fácil que acabé deslumbrada y muy feliz. Aquella fue una de las mejores experiencias de mi vida, y aunque hubo otras tardes de cine, ninguna como la primera.
Poco tiempo después, en el pasaporte de A..., vi su fecha de nacimiento. Al percatarme de su edad comprendí que aquello era imposible, y entonces dejé de verlo.