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sábado, 24 de enero de 2009
La afición a la lectura
De pequeña, me acurrucaba en el sofá junto a mi padre para que me leyera libros y tebeos. De los primeros, mi preferido era “Sin noticias de Gurb”, de Eduardo Mendoza. La historia de un extraterrestre buscando a otro por Barcelona me fascinaba. Me lo tuvo que releer un montón de veces. En cuanto a los segundos, era una entusiasta de Mortadelo y Filemón. Alrededor de los diez años me aconsejó que leyera “La Perla”, ese libro maravilloso de Steinbeck que valoré después, ya que lo que verdaderamente llamaba mi atención entonces eran los libros que llevaban en el título la palabra “amor”. Luego, conforme crecía, fui descubriendo a los clásicos. En esta época me gustó mucho “Rojo y negro”, de Stendhal; y para ayudarme a aclarar cuestiones trascendentales, solía leer a Bertrand Russell. En fin, que la afición a la lectura no me ha dado sino satisfacciones y por ello le estoy inmensamente agradecida a mi padre que me inculcó esta afición.
viernes, 2 de enero de 2009
Los niños y la tecnología
Ayer, en el metro, un niño de corta edad anduvo embebido en un videojuego la media hora que duró el trayecto. Su madre no cabía en sí de gozo viendo la sensación que, con su dominio de la técnica, causaba su retoño en los demás viajeros.
No hace mucho, un mandamás de una compañía de telefonía declaró, todo ufano, que los móviles se estaban convirtiendo en una prolongación de la mano de los niños. También menudean los pequeños que, mientras pasean montados en sus carritos, balbucen a través de un teléfono de juguete.
A tenor de lo que nos dice la publicidad, el ordenador, al igual que la cama, es un elemento imprescindible en toda habitación infantil. Ni que decir tiene que si además hay consola y televisión, mejor que mejor.
Es sabido que lo más eficaz para que un niño se entretenga y no moleste es situarlo delante del televisor.
Si quiere lucirse con el regalo de cumpleaños a su ahijado, vaya a comprarlo a una tienda de informática; de seguro que, elija lo que elija, acertará.
¡Y, aunque parezca imposible, aún existen niños que leen! ¡Mismamente ayer vi a uno y me emocioné!
No hace mucho, un mandamás de una compañía de telefonía declaró, todo ufano, que los móviles se estaban convirtiendo en una prolongación de la mano de los niños. También menudean los pequeños que, mientras pasean montados en sus carritos, balbucen a través de un teléfono de juguete.
A tenor de lo que nos dice la publicidad, el ordenador, al igual que la cama, es un elemento imprescindible en toda habitación infantil. Ni que decir tiene que si además hay consola y televisión, mejor que mejor.
Es sabido que lo más eficaz para que un niño se entretenga y no moleste es situarlo delante del televisor.
Si quiere lucirse con el regalo de cumpleaños a su ahijado, vaya a comprarlo a una tienda de informática; de seguro que, elija lo que elija, acertará.
¡Y, aunque parezca imposible, aún existen niños que leen! ¡Mismamente ayer vi a uno y me emocioné!
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