sábado, 24 de enero de 2009

La afición a la lectura

De pequeña, me acurrucaba en el sofá junto a mi padre para que me leyera libros y tebeos. De los primeros, mi preferido era “Sin noticias de Gurb”, de Eduardo Mendoza. La historia de un extraterrestre buscando a otro por Barcelona me fascinaba. Me lo tuvo que releer un montón de veces. En cuanto a los segundos, era una entusiasta de Mortadelo y Filemón. Alrededor de los diez años me aconsejó que leyera “La Perla”, ese libro maravilloso de Steinbeck que valoré después, ya que lo que verdaderamente llamaba mi atención entonces eran los libros que llevaban en el título la palabra “amor”. Luego, conforme crecía, fui descubriendo a los clásicos. En esta época me gustó mucho “Rojo y negro”, de Stendhal; y para ayudarme a aclarar cuestiones trascendentales, solía leer a Bertrand Russell. En fin, que la afición a la lectura no me ha dado sino satisfacciones y por ello le estoy inmensamente agradecida a mi padre que me inculcó esta afición.

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