Cuando por la noche caigo en la cama derrengado después de estar todo el día al cuidado de mis nietos, le propongo a mi mujer que hagamos un plante; que nos neguemos a seguir ejerciendo de niñeros.
Ella me responde con la retahíla de siempre: que así somos útiles; que los sueldos de nuestros hijos no dan para tantos pagamentos (hipoteca, coche,..., y además una canguro); que para que los cuide un extraño mejor nosotros, etc. Pero lo cierto es que ella está tan cansada y se siente tan esclava como yo.
El día menos pensado me armo de valor y les digo a mis hijos que a nuestra edad, lo que queremos y podemos es disfrutar de los nietos, no criarlos; y que es injusto hacernos cargar con esta responsabilidad.
miércoles, 7 de enero de 2009
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