1º Un poncho extraordinario
Cuando llegué al lugar donde se iba a efectuar el enlace, en lo primero que me fijé fue en un varón que lucía un extraño poncho. Me sorprendió su aspecto bohemio en medio de un acto tan convencional y la pericia que demostraba en moverse con semejante indumentaria. En ese instante, alguien me susurró al oído que el hombre que acaparaba mi atención era el juez que celebraría el casamiento y yo retuve la información...
2º El discurso y la canción
Si antes de la ceremonia el carismático personaje había conseguido interesarme, durante el desarrollo de la misma logró que mi deslumbre fuera total; tanto, que no reparé en nada ajeno a su figura. Ejecutando su tarea, el susodicho se mostraba competente y arrebatador. Después de leer con una dicción perfecta los artículos correspondientes del Código Civil, pronunció un discurso rebosante de ilustración. Sugirió a los contrayentes que muchas noches se abandonaran al influjo de la luna; y, por último, para dar remate a la función, sacó una zampoña que tenía escondida e interpretó con ella “My way”. ¡Aquello resultó sublime!
3º Lo verdadero y lo falso
Al terminar el desposorio, cuando yo aún continuaba maravillada con lo que acababa de presenciar, me enteré de que todo era fingido. De que los novios se habían casado realmente el día anterior en el juzgado y de que el juez no era de verdad, sino de pega. Tengo que decir que la noticia me dejó desconcertada; aunque para entonces, el arrobo que me provocaba el buen señor ya no pudo sufrir merma.
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