martes, 7 de mayo de 2024

MARÍA CREÍDA Y EL DOMADOR DE JACTANCIAS

 A mí me parece que el camino literario más difícil de recorrer es el que bordea la vulgaridad. Tiene tan poca anchura que en cualquier momento el paseante puede caer en el abismo. Pero precisamente por las dificultades que presenta, es bueno para que el escritor se curta... 

MARÍA CREÍDA Y EL DOMADOR DE JACTANCIAS

Soy una bocazas. Ayer dije públicamente que en materia escritural podía con todo y ahora me encuentro en un embrollo del que no sé cómo salir. Por petición de un oyente socarrón me comprometí a componer un texto elegante sobre la raja del culo y me estoy percatando de que tal cometido es imposible de cumplir. A la citada raja no puedo denominarla “hendidura internalgar” porque mi retador me ha prohibido el uso de cualquier expresión que resulte más suave o decorosa. Realmente me siento como si estuviera andando sin barra por un alambre...

Nieves Correas Cantos


COSAS DE LA EDAD

 Si dispusiera de tiempo y dinero, me liaba la manta a la cabeza y me dedicaba a viajar. ¡Ahora! ¡Ya! ¡Sin fecha de vuelta! Antes de que los achaques me lo impidan. Primero Sudamérica; después Europa... Necesito tener experiencias nuevas; lo preciso de verdad. Desde hace un tiempo, la sensación de déjà vu me acompaña casi siempre. Todo me parece visto, oído, repetido un montón de veces...

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LAS PARTES DEL CUERPO HUMANO

I

De pequeña, cuando el maestro me mandaba dibujar el cuerpo humano, yo obedecía; pero siempre lo pintaba a mi manera: no como un todo, sino dividido en partes. La cabeza la ponía en un sitio de la lámina, el tronco en otro, las extremidades en otri... Y obraba así porque entonces estaba convencida de que cualquiera de estos trozos corpóreos podía funcionar por separado; con independencia de los demás...

II

Para justificar mi psicodélica visión del organismo y evitar que el pedagogo me atizara un capón, presentaba tres argumentos que me parecían irrefutables. El primero era el ejemplo de san Dionisio Areopagita, el patrón de nuestro pueblo. Un mártir que, después de ser decapitado, cogió la cabeza del suelo y con ella debajo del brazo anduvo por todo París. También argüía yo que en Turquía vivía un turco que no tenía más que el torso; de este modo lo aseguraba un vecino muy creíble que había recorrido aquellas tierras en busca del arca de Noé... Asimismo le recordaba al profesor que en la biblioteca escolar existía un cuento de Pérez Galdós que trataba sobre el tema. Un relato titulado “¿Dónde está mi cabeza?” en el que hablaba de un hombre que un día amaneció sin nada sobre los hombros y de cómo había abordado la situación... 

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AQUELLAS TARDES EN LA BOÎTE

 Mis amigos se desenvolvían mejor en la pista de la discoteca; pero yo, donde más perdía el encogimiento era en la barra. Acodado en ella me sentía hasta atrevido. Con mi aire de tristeza y un cubalibre en la mano, eran muchas las chicas a las que conseguía impresionar...

Sin embargo, a la mujer de mis sueños nunca logré conmoverla. Parapetada tras un manto de altivez, la susodicha siempre reaccionaba a mis ardientes requerimientos dirigiéndome una mirada de desdén. Y era indiferente que en el momento de mi arrimo estuviera cantando Adamo, Matt Monro o Aznavour... Ni siquiera el día en que sonó “Dio, come ti amo” de Domenico Modugno vi que cediera su armadura... 

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SOLILOQUIO DE TIMOTEO LUDIR – Una cuestión de coraje

 El problema es arrancar. Hacer planes los hago con un ánimo extraordinario; con un hervor que para qué... Mas cuando llega el momento de realizar dichos proyectos, nunca soy capaz de dar el paso. Me falta osadía, decisión... 

El vulgo, como jamás me ha visto producir nada y a mis cuarenta años aún continúo viviendo a expensas de la familia, va diciendo por ahí que soy un vago. Pero ¿qué sabrá la gente corriente de los pesares que acogotan a un hombre de mi condición? ¿Sospechan que algunos de estos sentimientos me reducen hasta la impotencia más absoluta?

La cuestión es que la madre naturaleza, quizá queriéndome favorecer, me hizo una putada terrible. Me dotó de un enorme talento, empero se olvidó de concederme determinación; el arrojo necesario para aprovechar la clarividencia conferida. Un error que me condena a la inadaptación permanente...

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LOS DOS OFICIOS DE ISIDORO TARARÁ

 I

Ahora que todo el mundo presume de ser especialista, ingeniero o director de desarrollo, recuerdo con una nostalgia infinita los dos oficios que desempeñé en mis años de labranza. Fueron unos trabajos modestos; aunque también singulares y creativos. Empleos que, cuando los descubra, a muchos les parecerán sacados de la noche de los tiempos...

II

En mi primera ocupación ejercí de artista. Durante bastantes primaveras, acompañado de una muchacha que se llamaba Antolina, recorrí los pueblos de España cantando jotas de picadillo. Coplas en las que ambos improvisábamos los ataques y las réplicas con un gracejo tan especial que la gente se partía con nosotros. Incluso nos llegaron a nombrar “Los reyes del picadillo”...

III 

Después, cuando Antolina murió y perdí la voz por tal motivo, me retiré a mi lugar de origen e hice de propio. Llevé de aquí para allá  epístolas y recados solicitando amor, dinero, salud... Los remitentes de dichos mensajes nunca me dieron permiso para modificarlos; pero yo, incapaz de reprimir mi inventiva, siempre dejé mi huella en ellos. Los proveí de un toque poético que quizá influyó en que casi todas las peticiones obtuvieran respuesta... 

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DE AVIDECES Y ATROPELLOS

 Como yo era un hombre parco, la exhibición de gula de Evaristo Crequeté me resultaba insoportable...

DE AVIDECES Y ATROPELLOS 

Evaristo era un tipo muy galgo; daba asco verlo comer. Vencido por el ansia azucarera, andaba siempre tras algún dulce con el que calmar sus apreturas. Golosinas que nunca se conformaba con mascar y tragar; sino que, una vez dentro de la boca, relamía con un deleite que a mí me provocaba aversión. ¡Mmmm! ¡Ahhh! exclamaba el gulusmero mientras meneaba el alimento de una parte a otra del paladar...

En una ocasión en la que Evaristo se hallaba en pleno éxtasis pastelero, servidor, harto de lo que estaba observando, le cogió el trozo de tarta que le quedaba en el plato y se lo zampó en un santiamén. Enseguida me arrepentí de lo hecho. Me bastó percibir su cara de desesperación ante la bandeja vacía para comprender el alcance de mi atropello... 

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DE ALTEZAS Y BAJEZAS

 ¡Estoy que trino! Un individuo que sólo recibe de mí parabienes me acaba de hacer una cerdada y la indignación no me deja respirar. Tengo los ojos fuera de las órbitas;   la rabia me desfigura el semblante... ¡Pero qué pánfila soy! Tanta carrera y tanto cultivo y no soy capaz de adivinar lo que se esconde en el corazón de los hombres... ¡Si hasta me creo que la candidez es un valor en alza! ¡Menuda clarividencia! El único consuelo que tengo es que como ayer fui a la peluquería, el disgusto me ha cogido con el pelo teñido y bien peinada. 

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MI COMADRITA - De balancines y fantasías

 La silla idónea para fantasear es la mecedora. Lo sé por experiencia. En cuanto uno apoya sus posaderas en el asiento de rejilla y comienza a moverse acompasadamente, las visiones quiméricas surgen sin parar. Y la invención es aún mejor si ninguna turbación física o moral molesta al fabulador en el momento del balanceo. Entonces el resultado puede ser espectacular...

Yo el mueble que más aprecio de mi casa es la perezosa que heredé de mi abuela. Lo valoro tanto que no lo cambiaría ni por todo el oro del mundo; es mi talismán. Un  balancín mágico que huele a viejo porque fue creado en el año catapum; y que también despide fragancias nuevas ya que lo barnizo cuando es menester. Y aunque no se trata propiamente de una comadrita, me gusta llamarlo así pues este nombre  tiene connotaciones nostálgicas y llama a la imaginación...

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EL REBUZNO BORRIQUERO-¡AY LOS ABUELOS!

 Lo normal es que yo sea yo, es decir Edelmira Pinole Pinolillo. Pero cuando mi nieta pronuncia una fórmula mágica que sólo ella conoce, me transformo en el monstruo Catalino.

Una vez hecho el conjuro, mi proceso de cambio empieza con una especie de rebuzno borriquero que emito en muy alta voz acompañándolo de la gesticulación facial correspondiente. Después, me entra una temblequera general mientras mis brazos se van moviendo hacia arriba en actitud prensil... Al final, echo a correr detrás de mi descendiente hasta que puedo pillarla y le hago cosquillas.

La pequeña se lo pasa fenomenal con el jueguecito; sobre todo cuando en la diversión participa otro niño de su edad y ambos acaban de comer y de dormir. Entonces resultan incansables...

Ahora mismo estamos en pleno jolgorio. Llevamos tropecientas carreras para aquí y para allí. Los dos chiquillos rebosan de satisfacción y servidora se arma de paciencia... 

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DE LOGOGRIFOS, SUFICIENCIAS Y CORTEDADES

 Debido a que soy muy corto de genio, los individuos que se muestran autosuficientes me caen fatal. Se me representan en la mollera como pavos engreídos y sus voces pedantescas me provocan repulsión. Si no fuera porque me veo obligado a relacionarme con algunos de ellos, los excluiría a todos de mi alrededor.

Mi tirria hacia estas personas viene de antiguo. De cuando un gerifalte de mi pueblo nos proponía acertijos a los chiquillos para comprobar nuestro grado de agudeza. Recuerdo que yo no acertaba ninguno de sus enigmas. Y lo mismo daba que el logogrifo tratara de frutas: 

                                             “Oro parece, 

                                                plata no es,

                                                el que no lo adivine.

                                                bien tonto es”  

que de nombres: 

                           “Este banco está ocupado

                              por un padre y por un hijo

                              el padre se llama Juan 

                              y el hijo ya te lo he dicho”  


¡Daba igual! Lo cierto era que servidor nunca los resolvía y que, en cambio, otros muchachos enseguida hallaban la solución: ¡Plátano! ¡Esteban!, gritaban. Y no es que yo fuera tonto. ¡Qué va! Lo que ocurría es que en presencia de aquellos sabiondos mi espíritu se encogía y no podía ni pensar...

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LO HABIDO Y POR HABER

 No te apures, Fructuoso. Si tú crees que en tus relatos ya has hablado de todo lo habido y por haber, lo que tienes que hacer ahora es tratar antiguos temas, pero de una manera diferente. No sé cómo explicarlo... Mira: imagínate que quieres volver a escribir sobre el poder envolvente de la música, por ejemplo. Pues es evidente que una canción de estilo filin no te va a inspirar la misma historia que un rocanrol; ni  tampoco te sugerirán iguales ideas un chachachá y un pasodoble...

Si yo estuviera en tu lugar, escogería “Serenata a la luz de la luna” y “Cuándo, cuándo, cuándo” para pergeñar dos narraciones bien distintas. Con la primera, la de Glenn Miller, compondría un cuento acerca de una muchacha constreñida por los convencionalismos sociales y su necesidad de escuchar una y otra vez esta pieza por su efecto purificador. Y con la segunda crearía una aventura. Un devaneo que comenzaría en un karaoke mientras los protagonistas interpretaban el mencionado aire embriagador...  

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FINA ESTAMPA

 El hombre más elegante del pueblo es Nereo Iluminativo, sin ninguna duda. Y conste que entre el elemento masculino local se encuentran individuos muy gallardos. ¡Pero es que el ínclito Nereo lo reúne todo! Va siempre vestido de manera impecable; tiene un porte extraordinario; sus actitudes revelan distinción... Si el sustantivo “dandi” no sonara tan anticuado, lo utilizaría para referirme a él ya que creo que es la palabra que mejor lo determina.

Antes de operarme de la vista, cuando el mundo para mí era un lugar lleno de seres sin rostro, a Nereo lo identificaba invariablemente por su donosura. Por ese algo formado de viveza y circunspección que muchos llaman estilo...

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UN ANTRO DE PERDICIÓN-El jovenete Perico y su deseo de saber

 Cuando le pregunté al cura qué era un antro de perdición, el muy sibilino no me respondió lo que conocía del tema. Pero lo que sí hizo fue darme un capón, llamarme hereje y obligarme a rezar tres padrenuestros.

Tampoco el maestro, don Wenceslao, satisfizo mi curiosidad. En su caso, se limitó a arrearme un mandoble con toda la mano abierta y a ponerme diez raíces cuadradas y cinco quebrados como deberes extras.

Ni por supuesto mi tía abuela Margarita aclaró mis dudas. Ante mi deseo de saber qué significaba dicho concepto, recuerdo que a la pobre por poco le da un vahído. Entre aspavientos y santiguos comenzó a exclamar: ¡Bendito sea Dios! ¡Bendito sea Dios!, cual si estuviese poseída... 

Al final, fue un marinero de Barbate el que puso luz en mi entendimiento. Y no sólo me explicó lo que quería decir “antro de perdición”, sino que también me contó que al  cabaré Pay-Pay de Cádiz los santurrones del pueblo lo llamaban así. 

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EL HUEVERO Y LOS ESNOBS

 A mí los que me caen muy mal son los esnobs culturales. Esos seres que contemplan  en éxtasis cualquier bodrio, con tal de que el bodrio aparezca firmado por un artista consagrado y/o por alguien que suene a clásico. Yo soy huevero de profesión; y, hace tiempo, en los ratos libres que me dejaba el negocio, me dedicaba a desenmascarar a esta clase de pedantes. Incluso una vez, para conseguir mi fin, llegué a pergeñar un opúsculo que era un auténtico despropósito. Se trataba de una serie de necedades escritas una detrás de otra que ni siquiera guardaban las reglas gramaticales. Pues bien, bastó con que signara aquel engendro con una mezcla de nombres de la Antigüedad artística griega y romana para que un montón de cursis se sintieran arrobados al leerlo.

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EL MALOGRO DEL DESEO

 Cada atardecer, mientras el galán y la dama procuraban que su coloquio amoroso no decayese, en un tocadiscos cercano sonaba Antonio Machín...

EL MALOGRO DEL DESEO

Siempre que oigo el bolero “Dos gardenias”, me acuerdo de una pareja a la que la gente llamaba “Los novios eternos”. Se trataba de un hombre y una mujer que por diferentes motivos no se podían casar y que llevaban muchos años de relaciones.

Al principio, en los albores del idilio, el varón y la fémina eran jóvenes y estaban ilusionados; pero después, con el paso de las estaciones, fueron perdiendo el vigor e, igual que le pasó al amor que se profesaban, acabaron marchitándose.

Y es que, en una época en la que el sexo fuera del matrimonio no estaba permitido, el malogro del deseo conseguía exacerbar por un tiempo la pasión; mas, si la frustración persistía, hasta el más espléndido querer terminaba sin hermosura.

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LA PERTURBADORA MEMORIA

 Según los que me conocen, mi memoria es prodigiosa. Yo también lo creo; aunque, como no está bien visto reconocer las propias cualidades, cuando estoy en sociedad finjo modestia.

Mi retentiva es tan extraordinaria que soy capaz de evocar sucesos que ocurrieron en el año catapum; y, además, lo hago con todo lujo de detalles. Menciono nombres, fechas, colores y olores... ¡Dejo a todo el mundo estupefacto! 

Los recuerdos negativos no me trastornan puesto que los desactivé en su momento y los puse en un rincón. Los tristes vienen y van con sus cantos melancólicos; y las remembranzas buenas, brillantes y acariciadoras, tienen la virtud de deleitarme y de servirme de inspiración... 

El único inconveniente de ser un memorión es que a veces nadie más que yo se acuerda de determinados seres que existieron en el pasado. ¡O que menda cree que existieron! Porque, sin ninguna persona que pueda atestiguar lo que afirmo, ¿quién me asegura que esos fantasmas que deambulan por mi cerebro vivieron realmente y que no tengo perturbada la razón?

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UNA PASIÓN SIN MEDIDA

 ¡Qué lío! Me estoy inventando una historia que no sé si trata de la pasión vehemente o de la mala educación. Como desconozco por dónde salir ni tampoco me apetece justificar a la protagonista, la dejo inacabada.

UNA PASIÓN SIN MEDIDA 

Pues sí, Clementina; cuando llamaste el otro día por teléfono y preguntaste por mí, la persona que te dijo que en ese momento no me encontraba en casa era yo misma. Disimulé la voz todo lo que pude para que no me reconocieras; pero, al parecer, no  conseguí engañarte.

Me siento avergonzada por haber actuado así; mas, antes de juzgarme, te pido que escuches los motivos que me impulsaron a proceder de semejante modo.

Verás: justo en el instante en que sonó el aparato y de manera mecánica levanté el auricular, en la televisión empezaba un clásico del cine que no me podía perder. Se trataba de la película “Los pájaros” de Alfred Hitchcock; un filme que desde que lo vi anunciado esperaba con el máximo anhelo. 

Quizá si tú sintieras una afición al séptimo arte tan desmedida como la mía lo podrías comprender. Lo que te aseguro es que el riesgo de no poder contemplar la cinta me enajenó por completo... 

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EL CAMINO GRIS DE LA APATÍA

 ¡Entusiasmo! ¿Dónde estás? Desde que me abandonaste la semana pasada me siento como una flor mustia en busca de fuego. Anhelo encontrarte. En mi deambular diario por el camino gris de la apatía, constantemente te echo de menos. Me falta tu calor; tu empuje divino...

Para no perder el hábito escritural, cada mañana me obligo a componer renglones. Pero me limito a hacer lo mínimo. Juntar unas cuantas frases con sentido que me permitan dar por cumplida mi exigencia moral...

Mis textos actuales están pergeñados sin fervor y, por tanto, carecen de brillo. Soy incapaz de aprovechar las ideas que me vienen a la cabeza porque no tengo ilusión. Me pregunto cuándo volveré a percibir el resplandor de las brasas encendidas...

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LAS VIRTUDES DE LA ESTÉTICA

 Decía Ponciano, el pastor de mi pueblo, que para apreciar a todos y todo en su justo valor convenía contemplarlos desde arriba; protegidos de los efluvios fragantes o hediondos que pudieran emanar. Él lo tenía fácil ya que vivía con sus ovejas en lo alto del cerro; a la vera de las estrellas. Pero los demás, los que deseábamos probar su aserto y habitábamos en el llano, necesitamos recurrir a la oración y/o al arte a fin de ascender a tan privilegiado lugar, Y fue así como descubrimos a Glenn Miller y su “Serenata a la luz de la Luna”; a J. Steinbeck y “La perla”; a Piasecki y su “Enamorado de la Osa Mayor”...

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¡BENDITOS VINILOS!

 Furor estival

Aquel verano, gran parte de la muchachería andaba loca con la canción “Pregherò” y su intérprete Adriano Celentano. Recuerdo que el entusiasmo mostrado llegaba a tal punto que algunos estampaban sus labios en la carátula del disco; mientras que otros, poseídos de un arrebato más creador, escribían en dichas cubiertas frases enigmáticas que los leedores más curiosos intentaban descifrar.

Yo, sin embargo, nunca me prendé del mencionado tema. Quizá porque era más joven y/o debido a la poca influencia que la opinión pública ha ejercido siempre sobre mí, en ningún momento logré conectar con semejante legión de fanes. A una servidora, el que le cautivaba de verdad era Yves Montand recitando “Les feuilles mortes”. Me acuerdo de que entraba en éxtasis escuchando su voz y contemplando el vinilo girar...

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¡BENDITOS VINILOS!

 En la pubertad

Una vez presencié una escena que me cautivó. Debió de suceder por los años de 1964; cuando me hallaba en esa fase entre la niñez y la adolescencia que se llama pubertad. Un período en el que me aferraba a un estado de inocencia que no quería perder, mientras observaba con asombro e inquietud los cambios que se iban produciendo en mi organismo.

En la escena a la que me refiero estaban presentes una muchacha sentada en un columpio y un pipiolo que la intentaba cortejar. El aprendiz de galán, después de haber puesto en un tocadiscos cercano a Luis Aguilé, se aproximó a su enamorada interpretando con el artista “Jamás podré olvidar”. Esa canción que dice:

“Jamás podré olvidar

la noche que te besé...” 

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¡BENDITOS VINILOS!

 Esta mañana han dicho por la radio que los vinilos están de moda; y a mí, lo que me ha provocado la noticia ha sido melancolía. Me he retrotraído a diferentes momentos de mi vida y he podido vislumbrar las carátulas de los discos que en ese momento sonaban...

En la niñez

Como cuando mis hermanos y yo anduvimos por encima de la pared del patio de mi casa mientras escuchábamos a Miguel Fleta cantar “E lucevan le stelle”. Nos fascinaba esta aria de Tosca y fue la que elegimos para que nos acompañara en semejante recorrido. Recuerdo que después de poner el tocadiscos a todo volumen en el leñero, ascendimos por el garaje e iniciamos la aventura...

O lo que sucedió en aquella ocasión en la que fui con mi tía a visitar a unos amigos suyos bastante extraños. Se trataba de tres hermanos solterones que vivían en una casona; anclados en la afectación y con evidentes signos de infelicidad. Puedo acordarme de que en la estancia en la que nos recibieron había una gramola en la que no dejó de girar el disco de Sara Montiel “Los nardos”. Ya saben; esa canción de Las leandras que dice:

                                         “Lleve usted, nardos caballero

                                           Si se quiere a una mujer...”

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EL ÚLTIMO TESTIGO

 Conforme voy cumpliendo años, el número de personas con las que puedo compartir recuerdos va disminuyendo. Apercibirme de este hecho me provoca una gran  inquietud. Supongo que las criaturas que lleguen lúcidas a edades muy avanzadas deben de quedar sobrecogidas por una terrible sensación de soledad... 

EL ÚLTIMO TESTIGO

Cuando el viejo arribó a la postrera etapa del camino y no vio a ninguno de sus coetáneos por semejante lugar, se sintió aterrado. Con la conciencia de ser el último testigo de un tiempo que se fue, las remembranzas que conservaba de aquella época comenzaron a pesarle igual que si fueran de osmio. Sin nadie con quien poder testar el contenido de su memoria ¿cómo iba a saber que lo que en ella estaba había sucedido de verdad?

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¡MI ABUELO SE VA A LA LUNA!

 ¡Se acabó! ¡Me separo! ¡No aguanto más! En cuanto salgamos de ésta, me busco un abogado para que inicie la tramitación del divorcio y adiós, muy buenas... Hace un rato te pedí, te rogué, te supliqué que no te pusieras el casco de astronauta de nuestro nieto porque quizá luego no te lo podrías sacar. Pero tú, como sueles escuchar mis palabras como quien oye llover, despreciaste mi consejo y te lo encasquetaste...

Ahora, en medio del pitorreo de todos los viandantes que pasan a nuestro lado, estamos esperando un taxi que nos lleve a un lugar donde puedan quitarte el yelmo. Yo estoy histérica, rota por dentro; mientras que el nieto, alborozado, no para de gritar: ¡Mi abuelo se va a la Luna! ¡Mi abuelo se va a la Luna!

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LA NOSTALGIA INFINITA DE APOLONIA PARAMAR - De pasiones y ternuras

 Desconozco por qué se juzga el desposorio como el mejor final para un cuento romántico. ¡Pero, si la más grande historia de amor es la que termina antes de que la usanza la desvirtúe! Entonces los momentos vividos se quedan grabados en el corazón y permanecen en él incólumes. Al principio, esas imágenes impresas están teñidas del color rojo de la pasión y provocan dolor; mas, con el tiempo, el tono encendido trueca en un tenue rosa y ya lo que causan es melancolía... 

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DE FALTAS DE ORTOGRAFÍA, VOCABULARIO E IMAGINACIÓN

 Una vez, en una página literaria, un recién llegado preguntó a los demás miembros qué requisitos eran necesarios para escribir bien. La primera persona que contestó dijo que una condición indispensable era no cometer faltas de ortografía. Esta respuesta, que a mí me pareció cabal, cosechó múltiples reproches por cuanto la tacharon de discriminatoria. Y, en este punto, habiendo topado con la dictadura de lo políticamente correcto, los participantes comenzaron a pelearse unos con otros y todo acabó como el rosario de la aurora.

Yo no intervine en la controversia; pero, si lo hubiera hecho, sin dudar hubiera afirmado que la imaginación y el vocabulario son los dos elementos precisos para componer. ¡Y moral, mucha moral! Pues el autor tiene que enfrentarse a cada cosa...

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