No pretendía herirte, pero si con mi irónico comentario lo he hecho, te ruego que me perdones. Han sido unas palabras que no he podido evitar. El resultado de haberme entrado en ese momento un ataque de hartazón; una explosión de fastidio; de no poder más...
Mira: antes, cuando nos juntábamos las amigas, siempre era una delicia. Hablábamos de cine, literatura, música... derrochábamos ingenio y humor. Mas desde que somos abuelas, las conversaciones que mantenemos únicamente versan sobre nuestros nietos y por ello me parecen un horror. Yo quiero con locura a mi pequeña; sin embargo, necesito desconectar...
Además, tú, que padeces de abuelazón, le atribuyes tales capacidades a tu vástago que oyéndote no sé si reír o llorar. Por este motivo, cuando has declarado que el crío de dos años se pasaba el día aplicado en el estudio de las sombras, se me ha ocurrido manifestar que en pocas semanas, y como un diminuto Eratóstenes, calcularía el radio de la Tierra...
Nieves Correas Cantos

No hay comentarios:
Publicar un comentario