Enfrente de mi casa no hay otra vivienda, sino un callejón. Una travesía por donde circulan los lugareños que van hacia la plaza o vuelven de allá. Un pasadizo por el que durante el día transita casi la totalidad de los vecinos.
Debido a esta circunstancia, mi morada ofrece ventajas extraordinarias en lo que se refiere a practicar el curioseo. De hecho, no necesito moverme de mi cuarto de estar para espiar a mis paisanos; ni siquiera preciso asomar la cabeza a la ventana... ¡Desde la hondura de mi habitación lo diviso todo!
Aunque nunca dejo de cotillear, reconozco que cuando más fructífero resulta el escudriño es en primavera. En esta estación, la gente no va por la rúa arrecía de frío ni achicharrada de calor y tanto lo bueno como lo malo se hace patente...
Entonces puedo atisbar sin cortapisas el modo de andar de cada cual y formar una idea sobre su estado anímico y su osamenta. Me fijo en el caminar airoso del vencedor y en el errar del que se siente perdido; en los movimientos del hombre dinámico y en la poca marcha del gandul... También soy muy diestra detectando cojeras. Quizá porque tengo una pierna mas corta que la otra, soy capaz de percibir la más ligera asimetría...
Nieves Correas Cantos

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