En el tiempo en que ambos éramos pequeños, Uve me resultaba insufrible. Era tal la aversión que me provocaba que en mi magín aparecía representado como una especie de limón andante emitiendo agrio. Se me antojaba estirado, adusto...; la antítesis del héroe que salía en los tebeos.
Mi desafección hacia Uve estaba relacionada con el hecho de que él era el dueño de la bicicleta que a mí me gustaba; un velocípedo cuya conducción me originaba la mayor felicidad. Se trataba de una máquina de color negro, grande, potente... Evidentemente me humillaba tener que pedírsela; no podía soportar que mi dicha dependiera de su voluntad....
Lo sorprendente es que ahora, y después de muchos años sin vernos, el odiado antagonista de antaño se está convirtiendo en uno de mis allegados favoritos. Cuando me reencontré con él hace poco, descubrí a un ser humano que respiraba bonhomía. Un amante del campo, la música clásica y la historia con el que vale la pena estrechar amistad.
Nieves Correas Cantos

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