Cuando escribo, procuro olvidarme de quién soy. Intento preterir los años; el hecho de estar casada; mi condición de abuela... Porque, si no descuidara mi posición de señora formal antes de coger el lápiz, ¿cómo iba a lograr pergeñar un texto sobre juegos eróticos, por ejemplo? ¡Me sería imposible entrar en materia!
La semana pasada, cuando me enteré de los años que cumplía el internauta Cirilo de Metagoge, me sorprendí de verdad. Yo a este hombre, al que únicamente conozco por sus escritos, le hubiera echado treinta y tantas navidades, máximo cuarenta; pero nunca las setenta y siete que Facebook aseguraba que tenía...
Semejante revelación etaria sobre Cirilo me dejó tan asombrada que desde entonces no paro de cavilar. De meditar acerca de si saber el tiempo que tiene un autor influye en el ánimo de sus lectores; y también, de cómo la senectud puede llegar a condicionar al que escribe por miedo a resultar ridículo; a ir más allá de lo debido; a decir cosas impropias de su venerable estado...
Lo cierto es que el septuagenario del que hablo no parece limitado por su situación. Sus letras son flamantes y apasionadas; diferentes cada día; capaces de desconcertar...
Nieves Correas Cantos

No hay comentarios:
Publicar un comentario