Soy como un cantaor que en un entierro se arrancase por bulerías; o que en un jolgorio entonase una soleá. Bueno, de manera aproximada... Porque el cantante de flamenco, a pesar de su salida extemporánea, conseguiría cautivar con su arte. Mientras que yo, con mi inoportunidad acostumbrada, lo único que logro es desconcertar primero y fastidiar después.
A mí unos me llaman metepatas; otros, bocazas; y otris, “disparatao”... Es igual: el caso es que carezco del don de acierto y no doy una. Que siempre hago y digo cosas fuera de conveniencia; que nunca sé lo que procede y lo que no...
Es como si me faltara la capacidad para apreciar el ambiente y que, por tal motivo, no pudiera responder de manera adecuada en casi ninguna ocasión. O como si mi percepción y mi reacción emocional no se correspondieran... O puede que, al habitar en un planeta fuera de la Vía Láctea, no me lleguen bien las ondas terrestres y permanezca sin comprender...
Nieves Correas Cantos

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