Los años me han dado aplomo. Serenidad para afrontar situaciones comprometidas; flema antiestrés...
Ahora, por ejemplo, sería raro que yo perdiera la compostura ante una broma de mal gusto. Pero antes, cuando era joven, tenía tal grado de bisoñez que cualquier chungón haciendo de las suyas podía hacerme llorar.
Sí, amigos. Porque servidora, igual que le ocurrió a Larra en “El castellano viejo”, también tuvo que padecer la llaneza extrema. Esa conducta libre de todo artificio que muchos consideramos ordinariez...
En mi caso se trató de un chasco que me hicieron en el convite de un bautizo. Me ofrecieron un cigarrillo; y, en el momento en que lo encendí, explotó. Aún recuerdo las risotadas de algunos convidados y lo humillada que me sentí. Entonces era una pipiola de pocas primaveras y de bastantes inseguridades...
Y todo esto lo pienso mientras escucho “I say a little prayer” tumbada en mi sofá. Creo que es la canción que más me gusta de Burt Bacharach. ¡Se ha ido otro de los grandes! ¡Otro de los que han aportado magia a nuestras vidas!
Nieves Correas Cantos

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