¿Cómo se me ocurrió? Vi el anuncio en la caja tonta y, hala, con mi intrepidez característica, marqué los números que aparecían en la pantalla. Buscaban personas que quisieran reencontrarse con su primer amor; y a mí, al contemplar tal reclamo, me vino a la mente la imagen de Eufrasio Porripopi, un muchacho del que estuve muy enamorada en mi primera juventud...
Cuando me llamaron para que acudiera al programa, tentada estuve de no hacerlo; porque la intuición, esa infalible y leal compañera, me advirtió de que todo iba a terminar en fiasco. Pero pesaron más la curiosidad y la fuerza de las acciones que ya había puesto en marcha y allí que me presenté...
Tengo que decir que la experiencia resultó nefasta. Empero no por la razón de que mi antiguo galán no se acordara en absoluto de mí; sino debido a que se había desvirtuado tanto que su visión acababa con mi sueño. O quizá es que lo había sublimado de manera excesiva... No sé; lo cierto es que en la memoria yo guardaba la representación de un poeta atormentado y me hallé ante su antítesis: un hombre orondo; completamente adocenado; carente de inspiración... En fin...
Nieves Correas Cantos

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