La radio es mi amiga fiel; la confidente de la que no puedo prescindir. Cuando me levanto a las cuatro de la mañana, lo primero que hago es encenderla; y, a partir de ese momento, me acompaña en todo el trajino matinal. Mientras voy de una habitación a otra de la casa con cualquier ocupación, mi íntima, sin despegarse de mí, me va informando y formando. Me entera de lo que ha sucedido en el mundo en las últimas horas y amplía mi cultura general.
Mi radio es pequeña y fácilmente trasladable. Su color es negro y tiene los botones plateados... La llamo Paquitori en honor de san Francisco de Sales, el patrón de los periodistas. Pero si estoy de humor, también puedo decirle informadora madruguera o gacetista de mis amaneceres... Y ya en el colmo de la disposición ¡y del atrevimiento!, me pongo a conjugar el verbo asir y declaro que, antes del alborecer diario, mi ingenio radial se ase a mí y yo me asgo a él originando la pegadura perfecta.
Nieves Correas Cantos

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