lunes, 5 de julio de 2021

UNA VISITA INESPERADA

 Cuando vinisteis a mi casa me alegré tanto que lo único que me preocupó fue disfrutar vuestra compañía. Por no interesarme, ni reparé en que mi aspecto en esos momentos no era muy glamuroso, que digamos. Incluso, improvisando, me atrevería a afirmar que mi apariencia, a los ojos de muchos, podía ser la de una creatura desastrada y maloliente. Sudorienta porque me pillasteis sin duchar después de haber hecho gimnasia; y andrajosa por la razón de que la falda vueluda que suelo llevar dentro del lar se deshace de lo vieja que es.  

Pero reitero que nada advertí hasta que ya os habíais ido. Entonces sí; de pronto fui consciente de que no llevaba los perejiles puestos y me sentí desnuda, vulnerable... 

Mas la desazón duró poco. El espejo en el que enseguida me miré me mostró que el entusiasmo por veros había disparado mi atractivo; e imagino que a vosotros os pasó lo mismo, ya que a los dos os encontré de un guapo subido.

Vuestra visita resultó entrañable. Contando anécdotas nos retrotrajimos a aquellos maravillosos años y la nostalgia nos invadió. Y a propósito de los modos de pensar de antes y ahora, tuvimos una conversación desinhibida de las que me gustan a mí.

¡Gracias, chicos!

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