lunes, 5 de julio de 2021

EL CAMINO DE DOLORES

 En ciertas épocas del año, transitar por el Camino de Dolores entraña un riesgo. Y no es porque en sus recodos haya malandrines al acecho (¡quia!), sino debido a que su atmósfera resulta embriagadora y puede trastornar. En esos días a los que me refiero, el olor de las lilas que lo bordean se mezcla con los efluvios provenientes de una bodega cercana, convirtiendo el aire en un agente perturbador. En un fluido que enajena a los paseantes y provoca engañosas seducciones y algún que otro desliz. Situación en que el ánimo cede fácilmente ante el apremio de las pasiones y cualquier flaqueza de la carne se puede dar.

Es evidente que los lugareños, con su ingenio, no podían permanecer impasibles frente a este despiporre caminero; así que, desde hace tiempo, al Camino de Dolores lo conocen como “la Senda de la Debilidad”.  

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