I
Cuando siento que la felicidad me ha abandonado, me acuerdo de aquel filme que en el verano de 1970 rodamos tú y yo en Bagur. Lo titulamos “Momentos peliculares”; y en él nos entregamos sin moderación a nuestra pasión por el cine.
II
En esta cinta de celuloide, que también se hubiera podido llamar “El cumplimiento del deseo”, quedaron impresionados momentos que intuimos que iban a ser únicos en nuestras vidas. Instantes en los que quizá no ocurrió nada especial; pero que nosotros, que teníamos el ánimo cautivado, sentimos como extraordinarios.
Imágenes de un gato lamiendo el café vienés de un parroquiano que permanecía enfrascado en la lectura del periódico. La figura de una joven extremadamente flaca abrazada a un árbol para evitar que el viento de la tramontana la arrastrase. La representación del joven chaparro tratando de besar a una mujer más alta que él. Tu salto imposible de una roca a otra; mi cara de espanto; el color verde del mar...
III
Hace mucho tiempo que perdí esta película. Debió de suceder en alguno de los traslados que hice. Pero el recuerdo de aquel estío parece estar indeleblemente escrito en mi memoria....

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