Un antiguo eslogan decía que no pesaban los años, sino los quilos. Pero los años pesan, ¡claro que pesan! En mi caso, los voy notando tanto que he empezado a posponer. Antes siempre ejecutaba las cosas al momento; presta, con celeridad... Mas ahora, menudean las veces en que el cuerpo me pide sofá y tengo que dejarlas para más adelante.
También me molesta la edad a la hora de trepar por las escaleras. Advierto que el tiempo en que me he podido mover por ellas con agilidad está pasando; y ya pienso en cómo disminuir el, en ocasiones, constante sube y baja.

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