lunes, 5 de julio de 2021

AQUELLAS MARAVILLOSAS LLANTINAS

 I

Ayer, viendo en televisión la película “Los girasoles”, me acordé con nostalgia de aquellas lloreras colectivas que se organizaban en los cines siempre que se proyectaba algún dramón. De esas llantinas generales que convertían las salas de exhibición en lugares de lágrimas; de las impresiones participadas por todos los espectadores...

II

Rescaté de mi memoria a los cinéfilos más sentimentales; a los que se conmovían con mucha facilidad y eran tan exagerados en sus expresiones que se pasaban toda la sesión hechos una Magdalena. También evoqué a los concurrentes que, procurando parecer unos machotes, se resistían a llorar e interrumpían los pucheros. A los que disimulaban sus lágrimas ocultándolas con los dedos y a los que las atribuían a falsas razones. A los asistentes que no mostraban ningún sentimiento... 

III

Cuando la cinta llegaba al final, y mientras Sophia Loren y Marcello Mastroianni se despedían en la estación, me metí tanto en el ensueño que todo se me hizo real. Creí estar en una sala oscura oyendo hipidos; viendo brillar ojos llorosos y blancos pañuelos; sintiendo la excitación de la emoción compartida... 

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