domingo, 21 de marzo de 2021

LA DIFICULTAD DE ALIVIARSE DELANTE DE LAS OVEJAS

 Quiero hablar sobre aguas menores y no sé cómo hacerlo para no resultar cursi ni vulgar. Porque ¿cuál es la manera más elegante de decir que una vez, en una casa de una aldea perdida, me entraron unas ganas enormes de orinar? Sustituir el término orinar por hacer pipí, desaguar o vaciar la vejiga me parece un horror que no estoy dispuesta a ejecutar; y, menos aún, emplear vocablos malsonantes que puedan herir los ojos de las creaturas cultivadas que se acerquen a mi escrito. ¡Por ahí sí que no paso! También podría utilizar la voz miccionar o, en el colmo de la cutrez, hacer aguas; pero ya advierto que ninguna palabra me deja en absoluto complacida. 

La cuestión es que cuando le manifesté al dueño de la vivienda donde me encontraba la urgencia que tenía, me acompañó al establo y, apartando a un rincón a quince o veinte ovejas que en ese momento se hallaban descansando, me indicó que allí podía proceder. 

Evidentemente él salió del cobertizo y volvió a la habitación en la que se habían quedado los demás convidados; y yo, sola frente a aquel hato de rumiantes que no paraban de mirarme y sin tener costumbre de actuar así, me vi negra para realizar lo que tanto me apremiaba. 

No hay comentarios: