domingo, 21 de marzo de 2021

EL VIEJO DEL BICICLO

 Aunque a veces no me apetezca, nunca dejo de pedalear. Sé que la decadencia viene detrás, persiguiéndome, y si no quiero que me alcance, no puedo bajarme de la bicicleta ni para descansar.

El velocípedo en el que voy es el mismo que montaba un viejo con el que me encontré una mañana en el campo y que acabó regalándome. Fue un día en el que salí a coger caracoles para agregárselos al guiso que pensaba hacer; unos gazpachos manchegos a los que estaban invitados el obispo, que se encontraba en el pueblo de visita pastoral, y las fuerzas vivas.

El viejo de la bicicleta, al verme buscando gasterópodos en medio del bancal, me saludó y se acercó a platicar un rato conmigo; y, cuando le pregunté que si sus paseos dirigiendo el manillar eran diarios, me contestó rotundamente que sí. -Ahora quizá no lo comprendas- añadió-; pero en el tiempo que notes que tus condiciones van a menos, reconocerás la importancia de no romper la disciplina.    

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