domingo, 21 de marzo de 2021

LA ESTREMECEDORA VIDA ASÉPTICA

 Esta madrugada, cuando me encontraba en esa situación de lucidez que viene después del estado de tinieblas, me he puesto a imaginar que la pandemia no acababa nunca. Que el bicharraco proseguía amenazándonos de la misma manera; y que los humanos, perdida toda esperanza, nos conformábamos a vivir sin libertad.

En mi fantasía, el roce quedaba definitivamente eliminado de las relaciones interpersonales; y, por lo tanto, los recién nacidos y los que vinieran al mundo después jamás podrían experimentar la virtud de las caricias.

Entonces, y para contrarrestar esta estremecedora vida aséptica, me he acordado de aquella sesión de roces, rozamientos y rozaduras en que nos ocupamos tú y yo durante una clase práctica en la universidad. Cuando te pusiste detrás de mí; y, mientras tratábamos de demostrar no sé qué principio científico, nos estuvimos sintiendo. Incluso se me ha ocurrido que si ese momento de mi vida lo pudiera embotellar, quedaría como un vestigio maravilloso de tocamiento para las generaciones venideras.

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