Tengo un talento para decir tonterías que para qué; aunque reconozco que algunos me superan y las sueltan más gordas que yo. Son despropósitos superlativos, tremendos, descomunales... Sandeces tan evidentes que, en tiempos de normalidad, serían inmediatamente advertidas por cualquiera que tuviera dos dedos de frente; pero que, como el hastío pandémico está mermando la capacidad para discernir la perspicacia de la necedad, resultan ser éxitos.
Deslumbrados por la extraordinaria aceptación que tienen hoy las majaderías, los mentecatos nos enrocamos cada vez más en nuestras ideas, sin atender a los argumentos de los demás. E, ignorando siempre que la realidad es compleja, no dejamos de dogmatizar y dogmatizar...

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