Soy un hombre mediocre, vulgar. Y como es cierto que Dios nos cría y nosotros nos juntamos, mis amigos también lo son. La ramplonería que padecemos nos impide tener ideas constructivas; y como aquí en este agujero tampoco hay alicientes que nos muevan a hacer algo excelso, nos dedicamos a reírnos de los demás. Y no me refiero a simples comentarios jocosos dichos sin mala intención, sino a auténticas burlas sangrientas con las que buscamos ofender a nuestras víctimas.
Ahora la hemos tomado con un profesor de gimnasia que ha llegado al pueblo. Un joven muy remilgado que asegura que va a conseguir que todo el mundo se sienta a gusto con su cuerpo y no sé cuántas cosas más... Mis compadres tachan estas ocurrencias de mariconadas y yo me muestro conforme con lo que dicen, pero en el fondo de mi alma me gustaría que fuera verdad; que a todos los lugareños orondos nos quitara kilos de encima y nos hiciera más felices. Soy un hombre gordo, barrigón... Un mantecoso con tanta grasa alrededor de la cintura que apenas puede respirar...

No hay comentarios:
Publicar un comentario