domingo, 19 de enero de 2020

Mi vecina Salomé


Casi siempre que tengo invitados a la mesa, mi vecina Salomé aparece con una fuente  de ajiaceite para que, el que quiera, pueda sazonar la comida. Y si ha hecho alguna exquisitez, también me trae cierta cantidad con objeto de que la sirva como final, acompañando a la fruta.

Salomé también se acuerda de mí cuando hace punto de aguja. El año pasado me regaló una bufanda de color gris perla que, ahora en invierno, me pongo cada vez que salgo a la calle; y hace poco me anunció que me quiere tejer otra.

Esta mujer y yo nos reciprocamos cariño y atenciones. Nos tenemos cuando nos necesitamos y nos apetece; y, como las dos somos inteligentes, sabemos distanciarnos en el momento oportuno para no abrumarnos jamás. 

No hay comentarios: