Cuando dijiste una sandez y te llamé cretino, enseguida me arrepentí. Y ese sentimiento de pesar lo tuve por haberte insultado; pero también porque esa ofensa que te hice fue una deshonra para mí. Te falté al respeto y me degradé yo; y, desconozco por qué motivo, la palabra perdón no vino inmediatamente a mis labios.
Después, al ponerte flamenco e intentar dejarme en evidencia y desprestigiarme, ya no pude pronunciar el vocablo mágico; y tu carencia de grandeza y mi soberbia acabaron con nuestra amistad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario