domingo, 19 de enero de 2020

Los animalillos voladores y el Seiscientos


En el pueblo, oír con nitidez ciertas emisoras es prácticamente imposible. Uno se puede pasar una hora moviendo la aguja por el dial y, en cuanto encuentra la voz que buscaba, la dicha le dura un segundo. Enseguida aparecen las interferencias: unos sonidos se mezclan con otros y la recepción se convierte en una vocinglería difícil de descifrar. 
Un día en el que las señales estaban especialmente revoltosas y la comunicación era un auténtico galimatías, busqué algo inteligible y encontré un programa en el que hablaban de la desaparición de los insectos. Mencionaron la prueba del parabrisas como la mejor muestra de que el número de esta clase de artrópodos estaba disminuyendo considerablemente; y yo pensé que llevaban razón. Recordé con nostalgia los tiempos en los que, viajando en un Seiscientos, el cristal de delante se llenaba invariablemente de manchas por los muchos animalillos voladores que se estrellaban contra él. Y ahora, en cambio, el parabrisas del coche en el que voy apenas se ensucia.

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