lunes, 6 de enero de 2020

¡Son inconfundibles!


En mi pueblo los tontos a secas no existen. En mi pueblo, y por influjo murciano, al tonto, en general, se le llama tonto del pijo (tonto'l pijo). Pero yo creo que no todos los necios son merecedores de este sobrenombre tan castizo. Para mí, el tonto del pijo fetén es el presuntuoso; el que se cree que está por encima de sus semejantes y los trata con desdén.
Un ejemplar de tonto del pijo auténtico sería Evaristo, un vecino del pueblo que se fue un año a trabajar a París y que, cuando volvió, lo hizo con muchas ínfulas. A su regreso, comenzó a tratar a los amigos de toda la vida con desapego, si no con condescendencia; aparentó no desenvolverse bien en el argot pueblerino; trufó su conversación de palabros en francés; y, en pleno desvarío, el pobre fantasmón, que siempre había sido muy parado en asuntos de ayuntamiento carnal, les contó que en París llevaba un vida entregada a la disipación y al desenfreno.

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