lunes, 6 de enero de 2020

La prevalencia de unos recuerdos sobre otros


La primera comunión
En la memoria guardo recuerdos que, por su permanencia, parecen grabados con cincel. Algunos corresponden a momentos importantes de mi vida; así, soy capaz de traer al presente la situación en la que, con el atavío correspondiente, bajaba de mi casa a la iglesia a recibir la primera comunión. Y esta evocación es tan intensa que me parece experimentar las mismas sensaciones de entonces...

A la edad de cinco años
Pero también conservo imágenes de hechos aparentemente irrelevantes y que, por una causa desconocida, influyeron en mi ánimo y se me quedaron fijados en la cabeza. Puedo citar, por ejemplo, la ocasión en la que, con cinco años, una mujer me preguntó por mi edad. Me es fácil revivir el instante en que, como respuesta, levanté la mano izquierda con todos los dedos extendidos. Y me acuerdo de que hice tal cosa huyendo de lo convencional que resultaba contestar oralmente.

Los códices iluminados
Y lo mismo me ocurre cuendo intento rememorar sucesos vividos con personas que quise mucho y que ya no están. De un  modo concreto, de una con la que en cierta  ocasión anduve de la ceca a la meca buscando un tarimón (era historiadora y anticuaria); y con la que viví lo que, mientras sucedían, me parecieron episodios muy intensos. Bien, pues de todos los recuerdos que tengo de ella, el que creo que va a prevalecer va a ser el de aquella tarde en la que, por teléfono, estuvimos hablando más de una hora acerca de códices ilustrados.


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