lunes, 6 de enero de 2020

Mis días pueblerinos


En este tiempo que he estado desaparecida, no me he dedicado a visitar lugares exóticos ni tampoco he corrido aventuras trepidantes: estos días que he dejado de estar a la vista de todos vosotros los he empleado en hacer vida de pueblo.
Me he encontrado con cosas y con personas que en la ciudad no tengo tan a la mano y que me han enriquecido; y, sobre todo, ha sido el contacto con la naturaleza y el trato con los amigos lo que más me ha beneficiado.
Si en la urbe debo recorrer varios kilómetros para dar con el campo; aquí, en el pueblo, no tengo sino que subir a lo alto de la calle para toparme con él. Y con los allegados la relación resulta igual de fácil: por estos pagos no necesitamos concertar cita para podernos ver porque todos nos tenemos al alcance.
El día de Nochebuena, los quintos cortaron la carretera reivindicando algo que se me antojó muy justo, puesto que lo que reclamaban era el aguinaldo a los conductores. Y luego, al terminar la misa del gallo, cumplieron con la costumbre ancestral de encender una inmensa hoguera en la puerta de la iglesia. El belén, en el salón parroquial, es espectacular; y mañana llegan los Reyes...

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