El patio de mi casa es particular porque en él habitan criaturas quiméricas. En las noches de invierno no se están quietas en ninguna parte: se suben a la parra; saltan de un tuero a otro; se columpian en la cuerda de tender la ropa... A mí al principio me daban pavor; pero, ahora que he descubierto que no tienen existencia real, me muevo entre ellas con total indiferencia. Y así, de madrugada, cuando salgo a contemplar las estrellas, me pongo a mirar al cielo en medio de su constante bullir, como si no tuviera nada de extraordinaria su presencia.
lunes, 6 de enero de 2020
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