Hace un momento, cuando salía de la tienda de comprar el periódico, se me ha acercado un hombre y me ha saludado con mucho afecto. Después de depositar dos besos en mis mejillas, me ha dicho que se alegraba de verme tan pimpante y se ha interesado por mi marido.
Yo he correspondido a sus manifestaciones con el mismo cariño, aunque me he limitado a preguntarle por su familia en general porque no tengo ni idea de con quién estaba hablando. Mientras conversaba con él, sin especificar para no meter la pata, he rebuscado en mi memoria intentando ponerle nombre a esa cara que tenía delante, pero no lo he conseguido.
Mi interlocutor era aproximadamente de mi quinta; bien parecido; y hablaba con acento forastero... ¡Ya sé lo que voy a hacer! Como mi vecina ha pasado por el lado y nos ha visto, cuando llegue a mi casa le preguntaré a ella y por fin sabré quién es este hombre tan afable.

No hay comentarios:
Publicar un comentario