Anoche, cuando intentaba dormir, un grupo de adolescentes se paró debajo de mi ventana armando bullicio.
Harta de sus risas y griterío, y con los nervios de punta, decidí darles una filípica recriminándoles su comportamiento.
En un primer momento pensé lanzarla desde el balcón; pero para hacerlo menos teatral, y sospechando que se iban a reír de mí, opté por la puerta de la calle.
Abrí y comencé mi invectiva; pero cúal no sería mi sorpresa cuando, después de las primeras palabras, me pidieron perdón y me aseguraron que no volvería a suceder.
Como encontrar a gente educada se está convirtiendo en algo extraordinario, os puedo decir que me sorprendieron y emocionaron por igual.

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