¡Cabronas! ¡Idos de aquí! Andáis tan enloquecidas que os estáis posando hasta en el borde de la sartén y os estáis abrasando vivas. Estoy sola en casa y no puedo estar friendo el pescado y luchando contra vosotras simultáneamente. Mis brazos parecen aspas de molino: ¡dadme tregua!
Además, con vosotras aquí, cuando acabe no puede quedar ni una pizca de gorrinería; así que encima tendré que ponerme a limpiar...

No hay comentarios:
Publicar un comentario