No hay nada como la música y los olores para hacernos revivir momentos...
El día de Jueves Santo del año catapum, el vástago de una familia muy pudiente de Orihuela me invitó a tomar un aperitivo en un club de tenis a las afueras de la ciudad.
Pedimos un vermú; y, entre lingotazo y lingotazo de bebida, nos pusimos a hacer manitas.
El apuesto joven llevaba gomina en el pelo y mocasines en los pies; pero lo que hizo que aquella tarde se quedara grabada para siempre en mi memoria fue la colonia Brando que utilizaba.
En los años posteriores, y mientras se vendió este perfume, siempre que sus efluvios llegaron a mí evoqué aquellos momentos. Y aún hoy, cuando huelo algún aroma parecido, recuerdo a aquel muchacho.

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