martes, 13 de agosto de 2019

Cual si estuviera en la flor de la vida


Ayer, tomándonos media patata asada y una copa de vino, Candelaria me contó la vergüenza que le había hecho pasar un amigo sesentón.
Quiero incidir en que no dijo sexagenario, sino sesentón. Que pronunció el vocablo con un tono despreciativo; como si ya hubiera comenzado el desapego...
Al parecer todo vino porque el susodicho, durante un ágape al que habían asistido días antes, se había lanzado a bailar You Never Can Tell, cual si fuese John Travolta en “Pulp Fiction” . Y lo peor estuvo, según añadió Candelaria, en que la llamó a la pista varias veces pretendiendo que ella hiciera de Uma Thurman.
-No sabía dónde meterme - concluyó mi amiga.
Yo, riéndome, le respondí que el asunto no me parecía tan grave. Que el problema radica en que no envejecemos simultáneamente por dentro y por fuera; y que una servidora, en alguna ocasión, se ha sentido como una veinteañera encerrada en el cuerpo de una mujer madura.

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